Editorial

La Orden médica en tiempo de la reforma

 

Dr. Christian R. Miranda-Orrillo

Director general del Fondo Editorial Comunicacional del CMP

 


Director general de la Academia Peruana de Salud Sus ríos lavan oro, pero sus cerros tosen y sus niños de los Andes y la selva marginal no llegan siquiera a sobrevivir su infancia; lamentablemente, no muchos llegan a contar su adolescencia. Nuestra realidad es que millones de peruanos viven injustamente en situación de extrema pobreza y de alta vulnerabilidad social y ambiental, en un clima de violencia e inseguridad. Apenas 30 % de la población tiene acceso al seguro social de Essalud, pero con un alto nivel de insatisfacción. La cobertura integral del Seguro Integral de Salud (SIS) no sobrepasa el 42 %. Las entidades prestadoras de salud (EPS) cubren apenas el 1,7 % de la población, pero invierten veinte veces más que lo invertido por persona por el Minsa en el SIS.

En los casi ochenta años que tenemos Ministerio de Salud ha habido muchos intentos o fases de reformas.

La primera fase fue la atención primaria de salud después de Alma Ata, con acciones preventivas promocionales y extensión de cobertura en el primer nivel de atención.

La segunda fase, en los inicios de la década de 1990, con la expansión de la infraestructura y la focalización de la pobreza. Luego se crean los programas de salud básica para todos y los acuerdos de gestión con más recursos humanos, con lo que mejora la capacidad instalada. Aparece también la congestión de los servicios a través de las comunidades locales de administración en salud (CLAS), y, luego, la Ley de Modernización de la Seguridad Social en Salud, con el nacimiento de las entidades prestadoras de salud (EPS). El entonces secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Kofi Annan, ya vislumbraba la impotencia de no alcanzar los objetivos del milenio, particularmente en la erradicación de la extrema pobreza y el hambre, a menos que se abordasen decididamente los problemas de integralidad y equidad. Y para ello era preciso intensificar esfuerzos por promover los derechos de la mujer y aumentar las inversiones en educación y salud. La tercera fase fue la focalización de la demanda, donde emergieron el seguro escolar gratuito y el seguro maternoinfantil. Durante el gobierno de transición del Dr. Valentín Paniagua, de 2000 a 2001, se integraron ambos y se diseñó el Seguro Público de Salud, que fue seguido por el SIS: una desnaturalización poco eficiente del primero, con grandes filtraciones, subcobertura y serios problemas de sostenibilidad financiera.

Hoy en día, los sistemas de protección social deben ser vistos con la óptica del desarrollo y una mayor y significativa participación estatal con un financiamiento del sector suficiente y eficiente. La estrategia macroeconómica debe ser articulada con el desarrollo social y estructurada sobre la base del crecimiento económico, la generación de empleo, la utilización del bono demográfico y de género, la puesta en agenda de la revalorización del salario mínimo, el aumento del gasto del Estado en políticas sociales no asistencialistas y el fomento de la seguridad social universal integral.

La situación deplorable de los establecimientos de salud, según el reporte de 2013 de la Contraloría General, que señala la existencia de hospitales como el de Cerro de Pasco, que no cuentan con agua potable permanentemente, desnuda nuestra triste realidad de país con laureado y sostenido crecimiento económico y, al mismo tiempo, los niveles más bajos de inversión en salud en América Latina. Estas condiciones permiten que se perpetúen las enormes brechas de infraestructura y el escaso desarrollo del potencial humano; así, se conmina a muchos profesionales a emigrar al extranjero, por la ausencia de reales incentivos económicos.

La actual propuesta de reforma del Ministerio de Salud profundiza la segmentación, favorece las políticas de privatización y tercerización, no prioriza la excelencia en la formación de recursos humanos en salud y difunde paquetes específicos de aseguramiento, tan injustos como inequitativos.

Hermanos miembros de la Orden médica, ¡es tiempo de actuar!